
En la oscuridad más absoluta ella tomó un hilo invisible y comenzó a coser, enhebrando palabras de otros, surciendo sueños inconclusos, reforzando melodías.
Era una tarea agotadora, sus manos iban y venían en la espesura, sus pasos pequeños corrían hacia adelante y luego retrocedían.
Parecía una araña tejiendo su tela, en silencio, pero con una sonrisa.