lunes, septiembre 18, 2006

Carreras secretas



El otro dia Dolina apareció hablando de la niñez y hoy, mientras corría una carrera secreta con un tipo en la otra cuadra de casa me acordé de este cuento y decidí subirlo.

Para los que todavia se animan a las carreras secretas:

Carreras secretas

La teoría según la cual todos los objetos del universo se influyen mutuamente, aun más allá de la causalidad y el silogismo, ha sido sostenida por muchas civilizaciones.
Se sabe que la visión de un meteorito asegura el cumplimiento de un anhelo. La incompetencia de los emperadores chinos produce terremotos. El futuro imprime advertencias en las entrañas de las aves.
La adecuada pronunciación de una palabra puede destruir el mundo.
Yo, desde chico, he participado - sin admitirlo- de estas convicciones. Con toda frecuencia, me imponía sencillas maniobras y preveía unas módicas sanciones para el caso de su incumplimiento. Antes de acostarme, cerraba las puertas de los roperos, sabiendo que si no lo hacía debería soportar pesadillas. Bajaba de la cama con el pie derecho. Evitaba pisar baldosas celestes. Al interrumpir la lectura, cuidaba de hacerlo en una palabra terminada en ese.
Los castigos que imaginaba eran al principio leves. Pero después empecé a jugar fuerte. Si me cortaba las uñas por las noches, mi madre moriría; si hablaba con un japonés, quedaría mudo; si no alcanzaba a tocar las ramas de algunos árboles, dejaría de caminar para siempre.
Este repertorio legislativo fue creciendo con el tiempo y al llegar mi adolescencia, mi vida transcurría en medio de una intrincada red de obligaciones y prohibiciones, a menudo contradictorias.
Todo se hizo más simple - más dramático- cuando descubrí las carreras secretas.
Describiré sus reglas. Se trata de elegir en la calle a una persona de caminar ágil y proponerse alcanzarla antes de llegar a un punto establecido. Está rigurosamente prohibido correr.
Antes del comienzo de cada justa, se deciden las recompensas y penalidades: si llego a la esquina antes que el pelado, aprobaré el examen de lingüística.
Durante largos años, competí sin perder jamás. Me asistía una ventaja decisiva: mis adversarios no estaban enterados de su participación y por lo tanto, casi no oponían resistencia. Obtuve premios fabulosos. En Constitución, me aseguré vivir más de noventa años. En la calle Solís, garanticé la prosperidad de mis familiares y amigos. En el subterráneo de Palermo, por escaso margen, logré que Dios existiera.
Tantas victorias me volvieron imprudente. Cada vez elegía rivales más difíciles de alcanzar. Cada vez los castigos que me prometía eran más horrorosos.
Una tarde, al bajar del tren en Retiro, puse mis ojos en un marinero que marchaba unos veinte pasos delante de mí. Me hice el propósito de alcanzarlo antes de la puerta del andén.
Con coraje y generosidad que suelen ser hijos del aburrimiento, resolví jugármelo todo. Una vida feliz, si ganaba. Una existencia mezquina, si perdía. Y como una compadreada final, me vacié los bolsillos: aposté el amor de la mujer deseada.
Apuré la marcha. Poco a poco fui acortando las ventajas que el joven me llevaba. Las dificultades comenzaron pronto: un familión me cerró el camino y perdí segundos preciosos. Al borde del ridículo, ensayé el más veloz de los pasos gimnásticos. El infierno me envió unos changadores en sentido contrario. Después tuve que eludir a unas colegialas que se divertían empujándose. La carrera estaba difícil, tuve miedo.
Ya cerca de la meta, conseguí ponerme a la par del marinero.
Lo miré y descubrí algo escalofriante: él también competía. Y no estaba dispuesto a dejarse vencer. Había en sus ojos un desafío y una determinación que me llenaron de espanto.
En los últimos metros, perdimos toda compostura. Pedíamos permiso a los gritos y sin el menor pudor, empujábamos a cualquiera. Pensé en la mujer amada y estuve al borde del sollozo. En el último instante, cuando ya parecía perdido, una reserva misteriosa de fortaleza y valor me permitió cruzar la puerta con lo que yo creí una ínfima ventaja.
Sentí alivio y felicidad. Pensé que aquella misma noche mis sueños amorosos empezarían a cumplirse. No pude reprimir un ademán de victoria. Alcé los brazos y miré al marinero. Lo que vi me llenó de perplejidad. También él festejaba con unos saltitos ridículos. Por un instante nos miramos y hubo entre nosotros un no expresado litigio.
Era evidente que aquel hombre creía haberme ganado. Sin embargo, yo estaba seguro de haberle sacado, al menos, una baldosa.
Entonces dudé. ¿Había calculado bien? ¿Cuál sería el procedimiento legal en esos casos? Desde luego, no me atreví a consultarlo con el marinero. Me alejé confundido y pensé que pronto conocería el veredicto. Una vida dichosa, un amor correspondido, darían fe de mi triunfo. La suerte aciaga, el rechazo terco, me harían comprender la derrota.
Pasaron los años y nunca supe si en verdad gané aquella carrera. Muchas veces fui afortunado, muchas otras conocí la desdicha.
La mujer de mis sueños me aceptó y rechazó sucesivamente.
Todas las noches pienso en buscar a aquel marinero y preguntarle cómo lo trata la suerte. Solamente él tiene la respuesta acertada de la exacta naturaleza de mi destino. Quizá, en alguna parte, también él me esté buscando.
Me niego a considerar una posibilidad que algunos amigos me han señalado: la inoperancia de los triunfos o derrotas obtenidos en carreras secretas.

Alejandro Dolina- Libro del Fantasma.

16 comentarios:

Marcos Bauzá dijo...

Este libro de Dolina me encantó, gracias por traer ese recuerdo a mi mente.

La competencia en estos días es cruel, no?

Marcos Bauzá dijo...

Hola de nuevo.
Hoy lanzamos el Colectivo Blog.

Ya estás arriba. ;-)

Un beso

Visitá:
http://colectivoblog.blogspot.com

Luis dijo...

No tiene nada que ver, pero me hiciste acordar algo que nos enseñan en la facultad (en la Universidad Tecnológica Nacional, donde sólo hay carreras -vaya coincidencia- de ingeniería). La materia se llama Creatividad e Innovación. Esto es lo que recuerdo, que bien puede ser falso, porque la memoria recolecta lo que le interesa, descarta lo que no, mezcla, y si anda como la mía todavía maltrecha, pior que pior :-D.
En una de las primeras clases que fui (no a todas porque no estaba inscripto y además, ir dos días a una materia me quita tiempo para estudiar las otras) nos hicieron la prueba de la bolita blanca y la bolita negra (pienso en esto basándome en "la teoría según la cual todos los objetos del universo se influyen mutuamente, aun más allá de la causalidad y el silogismo"). Una de las cosas que uno aprende cuanto más aprende acerca de física es que a nivel subatómico, cualquier regla que sirva para el macrocosmos se pierde, y en ese lugar, en el microcosmos, en la denominada física cuántica, y entonces, todo es posible, incluso lo imposible.
Diole el ingeniero una bolita blanca a un compañero voluntario, y una bolita negra a otro compañero igualmente voluntario al experimento. Hubo un momento en que las dos estaban juntas en la mano del profesor, y luego estaban separadas en manos de los alumnos. Se nos pidió adivinar de qué color era la bolita del que estaba ubicado a la derecha del pizarrón. Luego el profesor le pidió al alumno que abriera la mano y vimos que era la bolita blanca. Entonces él nos explicó:
"Como ustedes ven, cuando las bolitas estaban en mi mano una era negra y la otra blanca. Pero al separarse, perdieron también aquello que las identificaba, porque al ocultarse en las manos de sus compañeros, no podía ni la una ni la otra saber si era blanca o era negra. Actúan por oposición. Pero ahora, cuando su compañero abrió la mano y dejó ver que ella era blanca, inmediatamente esta bola volvió atrás en el tiempo, al inicio, al punto cero de la acción, y le informó a la otra bola que ella debía ser negra. Es así que entonces, cuando su compañero abra la mano, que la otra bola será negra, porque cuando una supo quién era, informó a la otra quién era ella".
Y así ocurrió. Nuestro otro compañero abrió la mano y la otra bolita se mostró como negra ante nuestros ojos.

Besos

Gaby dijo...

Muchacha! qué linda está ! Y qué buen texto de Dolina...Suerte la tuya! besazos!

Alex dijo...

Este no lo tenía, gracias Dosto!!!
No hay peor carrera que la que uno emprenden teniéndose a sí mismo como antagonista, lo tiró!

Dosto dijo...

Marcos, gracias por la invitación, ya estoy en la parada, esperando el colectivo.
No sabes cómo estan por acá, me parece que todos ultimamente juegan las carreras secretas, uno ya no sabe que apostar, jeje.
Besotes.
Luis, mire si el otro alumno habría la mano y la otra bolita tambien era blanca!! Que problema para el profesor no?? Le cuento algo asi en confianza, yo prefiero los grises. Besos!!
Gaby, no te escribí mil perdones, estoy a mil en la radio, no me alcanzan las tres horas!!! Besotes.
Alex, en ese caso estaría mirandome de reojo mientras redoblo el paso para ganarme a mi misma. Sabría de antemano que mi otra yo quiere ganar la carrera. Mmmmm, que problema!!! Besos!!

No te Salves dijo...

carambna carambita carambola, mira vos, recien me entero que eso que a veces hacemos, se llamaba asi, y son muchos lo que lo hacen, claro, no estoy segura de lo que querria apostar... besotes!!!!!

Caracol dijo...

Permiso, creo que es mi primera vez por acá, no había leido esto de Dolina y me pareció genial.
Me gustó su blog y es bueno decirlo, creo.

saludos.

Desde el mas aca dijo...

me encanto, gracias por darmelo a conocer, besos y abrazos

Karina dijo...

que libro!!! siempre lo vuelvo a leer.
Carreras sin sentido que a veces corremos no?
Besos

Luis dijo...

El decía algo así (no recuerdo bien, fue hace... tres años, un día que estaba hipercansado de venir de otro laburo donde se trabajaba más) como que en ese intercambio de ideas entre las bolitas, podrían haber elegido cualquier color entre la infinita gama de colores, pero que había un cierto porcentaje de que eso sucediera así.
Yo no sé... Con su perdón, los grises no están entre mis colores preferidos, aunque (miro ahora) entre mi ropa hay bastante gris. Prefiero los pasteles, y al fin de cuentas, ni el negro ni el blanco son colores, sino que uno es ausencia de cualquier color (y de ideas, como hacía un chiste Fontanarrosa en Booggie el Aceitoso) y el otro la suma de todos ellos...
Y los verdes... No hay nada que me alegre más la vista que cuando voy a Corrientes de vez en cuando, y veo los campos mientras salgo de Buenos Aires, lleno de "mil distintos tonos de verde", como dice la zamba.
Besos

PD: Y siempre me olvido de preguntarle, así que ahora que justo me acordé... ¿su padre en qué Ministerio de la Ciudad trabaja?

wallyzz dijo...

me encanto pasar leerte y mirarte, un abrazo que duele !!!

Dosto dijo...

Juanis, si es así, a lo mejor todos corremos carreras secretas sin saberlo, librando al azar la recompensa por ganar o sufriendo resignadamente el castigo por la derrota. Besotes amiga!!
Caracol, pase por favor, es bienvenido. Lo había leído en otros blogs, un honor.
Vic, de nada, cómo anda Thomas?? Sigo esperando un hijo suyo (de Thomas claro esta) para que juegue con Benja. Besotes.
Kari, a mi me encantó ese libro, tambien Instrucciones para abrir un paquete de jabon en polvo o algo asi no me acuerdo el nombre. Besotes.
Luis, un pueblito aquí y otro mas alla y un camino largo que gana y se pierdeeeee... bueno algo así era no?? Que linda zamba. Si me da a elegir mi color preferido es el verde. Ahora jamas me va a ver con algo de color amarillo, puaj!! En cuanto al negro y blanco es así, son los que mejor representan el antagonismo de los colores. Gracias una vez mas por pasar. Ah, le cuento que no se bien en dónde trabaja mi padre, se que es Inspector, de la planta temporaria, inspeccionan fábricas, hoteles, locales. Le pregunto y le digo asi no hablo sin tener idea.
Wallyzz, gracias!! Me gusta que pases por acá. Otro abrazo!!!

Luis dijo...

No es nada. Al contrario, el placer es mío :-)

Besos

Luis dijo...

Y hablando de colores, a mí el amarillo no me gusta mucho, sobretodo con el azul >:(...
Pero la gama de los naranjas me gusta... Isol diría que son los colores del atardecer, y por eso son alegres, y el atardecer me encanta, pero desde que hace un par de décadas tuve un sueño muuuuuuuy extraño, esa gama, en verdad, me infunde cierta tristeza... o no, nostalgia, tal vez, y ese regustillo que me deja me gusta...

Y los verdes, como le dije, me encantan. Debe ser porque siempre los asocio a la vida, a la salud, o a un color donde los ojos reposan...

Besos

Daniellha dijo...

Dosto...muy bueno, tomaré nota, no lo había leído. Pero hay tanta certeza en esas palabras... esa inoperancia de los triunfos obtenidos en carreras secretas.!!!
Besos para todos.